miércoles, 31 de julio de 2013

Oídos encontrados.

Continuando con el tema, y a propósito de las diferentes maneras de percibir la música entre oídos entrenados y oídos comunes, quisiera citar el siguiente ejemplo.

En una ocasión alguien comentó que no entendía por qué cierta canción era un éxito cuando se trataba de una “simpleza aburrida y monótona”; yo recordé haber analizado esa pieza en alguna de mis clases, y de inmediato comprendí que sería inútil tratar de exponerle mi punto de vista, porque no lo iba a entender.

La pieza en cuestión es “The uninvited” de Alanis Morissette, en la versión de su unplugged para MTV. Si bien es cierto que de inmediato me percaté de los desfases en la acentuación de la letra con respecto a los de la melodía, lo cual es algo que siempre condeno “a muerte” en la técnica de composición de canciones (error muy común en español pero que en inglés resulta absurdo debido a la ayuda de gran cantidad de monosílabos), también pude encontrar elementos interesante, rescatables, y uno en particular que me pareció simplemente genial.

Ya he comentado que los oídos comunes se fijan en los elementos más superficiales y evidentes (letras, melodías, ritmo hasta cierto nivel, arreglos en primer plano, etc.), pero hay cosas que en principio no pueden apreciar, como por ejemplo, el hecho de que la pieza va creciendo poco a poco hacia el final, y no por efecto de la dinámica (matices o intensidad), ya que sólo hay un “pequeño empujón” en el coro, sino porque van aumentando la densidad de la instrumentación (cantidad de timbres), que aunque es algo evidente, mucha gente lo acepta inconscientemente.

Pero la clave para apreciar y disfrutar esta obra, para mí, es un recurso tan simple como grandioso que difícilmente notarán o entenderán quienes no tengan un oído entrenado y que no sepan algo de teoría musical, por lo menos a nivel básico como para entender que hay “algo” diferente ahí.

Si bien es cierto que hay un ostinato presente a lo largo de toda la pieza (aunque a veces se esconde entre los demás instrumentos y parece que regresa después), eso no es un “pecado musical”. Por ahí ocurre algo similar en la pieza “The cry of mankind” de MY DYING BRIDE, o podemos encontrar este recurso en líneas de bajo como en “Light my fire” de THE DOORS (basso ostinato) o en “Could you be loved” de BOB MARLEY (ostinato desarrollado).

Algunas personas parece que escuchan un poco más “adentro de la música” y piensan que está en “modo menor”, porque el ostinato en el piano toca las notas 1-5-b6-5 (con respecto a la tónica), sin embargo, un oído entrenado se da cuenta de que no es así (y que hay algo raro) en cuanto entra la voz, pues la primera nota es la tercera mayor (3) en lugar de la, supuestamente esperada, tercera menor (b3).

Es en este momento, cuando la línea melódica suena sobre el ostinato, en el que se revela la genialidad de la “rola”, a través de las escalas que se utilizan a manera de progresión armónica: Mixolidio b6 (quinto modo de la escala menor melódica) para los versos, en el coro se asciende una nota para llegar al modo Mixolidio (quinto de la escala Mayor natural), y justo antes de terminar el coro se usa el modo Jónico (o escala Mayor), para comenzar de nuevo ese movimiento como un “oleaje” (metáfora necesaria para quienes no entiendan los tecnicismos musicales). Lo interesante es que sólo se cambian dos notas para generar el movimiento de b6 a 6 y de b7 a 7, pero eso es suficiente para sentir como se carga la tensión en el coro para luego resolver (descargar) y regresar a los versos.

De manera que esa "rola" tan simple tiene mucho que enseñar en lo que se refiere a arreglo, y también propone algo diferente en el uso de escalas, pues el Mixolidio b6 no es nada común en el Rock, mientras que en el Jazz se usa más para improvisar sobre ciertos acordes, pero definitivamente no es la escala principal de un “estándar” (pieza clásica del género).

Regresaré a ejemplos de este tipo más adelante, pero por el momento los invito a disfrutar de esa versión de esta canción (mucho más emotiva que la original de estudio).

Hasta pronto.

viernes, 19 de julio de 2013

Enfoques encontrados.

En estos tiempos en los que las redes sociales permiten el intercambio de ideas entre todo tipo de personas, es común leer o ser participante en discusiones más o menos civilizadas con respecto a algún tema en particular. El problema es que en muchas ocasiones hay controversia porque la gente que tiene formación y experiencia especializada en algún sector de conocimiento aporta información o emite juicios desde un punto de vista que no es comprendido por aquellos que resultan ser “profanos” ante el tema, y se sienten agredidos, ofendidos o excluídos por los “iniciados” en la materia.

En todo oficio o profesión es posible encontrar juicios SUBJETIVOS (estéticos o emocionales) y OBJETIVOS (académicos, con base en la técnica o la teoría), y por lo general los aficionados al tema desconocen estos últimos y no los comprenden por falta de formación específica.

El caso más común en el que yo me llego a involucrar tiene que ver con algún tema de la música. Mi opinión es que cuando se trata de decir si algo nos gusta o no, o si nos gusta más que otras opciones, los tecnicismos salen sobrando, pero cuando se quiere hablar del nivel de creación de alguna obra o ejecución, entonces se debe recurrir al lenguaje correcto y a los conceptos precisos. Una discusión de este tipo, con enfoques encontrados, resulta estéril.

Hablar de música (como ocurriría con cualquier otra área del conocimiento humano) con lenguaje cotidiano es absurdo, pero lamentablemente ya es algo muy común pues hay demasiados aficionados que se convierten en pseudomúsicos, o músicos amateurs, que carecen de formación, y en muchos casos consiguen trascendencia, fama y dinero (no necesariamente “éxito”), y son un mal ejemplo y una mala influencia para quienes los admiran y buscan seguir sus pasos, pues como dirían Les Luthiers en una de sus rutinas cómicas, se da un “mecanismo de estímulo por identificación”; en otras palabras, lo que mucha gente piensa al escuchar a estos “artistas” tocar y cantar es “si ellos pueden, yo también puedo” jeje.

Al aficionado (fan) sólo le interesa si algo le gusta o no, y qué es lo que le hace sentir. Si un músico dice que un grupo muy popular es malo en su ejecución técnica, o que su composición está plagada de errores, o que la calidad de la grabación/mezcla no es buena, esto no le interesa a muchos fans, y van a defender a su artista favorito a capa y espada sin entender razones.

Por todo esto, me gustaría aportar aquí una visión de lo que significa prepararse como músico (no pseudomúsico), para que aquellos que no lo sean, por lo menos entiendan por qué se emiten todos esos juicios “quasi esotéricos”.

Para empezar, debo decirles que estudiar una carrera de música no significa, como piensan las masas, que habrá fiesta eterna y excesos de todo tipo (si bien es cierto que quien llega a un nivel "pro" se los merece… con medida, claro). Los familiares comúnmente dicen que uno “se va por lo fácil”, y yo les puedo decir, por experiencia propia, que a mí me pareció más fácil estudiar química (salvo por las materias de física y fisicoquímica) que estudiar música. La diferencia radica en que para estudiar una carrera científica muchas veces basta con tener cierta capacidad intelectual (conozco a muchos titulados incluso pero sin criterio profesional) además de la perseverancia requerida, mientras que en música se requieren:

*CAPACIDAD INTELECTUAL, ya que, como en todo, también hay muchos conceptos que se deben aprender, pero sobre todo porque hay materias que requieren la misma zona del cerebro en la que procesamos las matemáticas: donde reside el razonamiento abstracto, y ahí es donde la gente no puede con materias como Armonía, Contrapunto, Análisis, etc.

*HABILIDAD PSICOMOTRIZ, ya que pueden tener un IQ de genios pero ser torpes con el movimiento de sus brazos, dedos, piernas, incluso labios (pregúntenle a los trompetistas cómo los cuidan). Aquí hay que desarrollar memoria muscular, lo cual requiere practicar durante mucho tiempo (y de preferencia sin cometer errores) aquellos movimientos necesarios para lograr cierta ejecución (técnica).

*MUSICALIDAD INNATA, ya que a muchos les puede tomar más tiempo desarrollar un tiempo interno estable, poder ejecutar aquellas líneas rítmicas que la razón ya comprendió pero el cuerpo todavía no (memoria muscular), y ser capaces de replicar los sonidos que se escuchan (entonación) o transcribirlos (memoria rítmica), lo cual se desarrolla en las clases de Solfeo y Entrenamiento Auditivo.

*SENSIBILIDAD ARTÍSTICA, para poder transmitir emociones o recrear diferentes versiones de una misma interpretación, ya que pueden ser personas muy inteligentes, muy hábiles, pero frías o monótonas como una máquina.

*CRITERIO MUSICAL, ya que somos representantes de la difusión cultural, y por ello tenemos un compromiso social que por lo general se ignora, lo cual conlleva una gran responsabilidad (recuerden todos esos casos de familiares demandando metaleros porque su hijo se suicidó por supuesta influencia de sus artistas favoritos). En Composición, por ejemplo, se habla de la “fundamentación”, para que las obras (sobre todo contemporáneas) tengan sustento, tanto musical como extramusical.

Y todo esto se desarrolla mediante un entrenamiento constante que requiere de mucha dedicación, mucha disciplina y por supuesto de mucha pasión.

Ahora, por si esto no fuera suficiente… ¿qué es lo que recibe un músico en su formación profesional? A continuación haré una breve descripción de lo que se desarrolla en algunas de las materias que se pueden encontrar en los planes de estudios de escuelas “serias”.

*SOLFEO Y ENTRENAMIENTO AUDITIVO . Aquí se desarrollan los rudimentos de rítmica que serán necesarios para cualquier actividad en la música (hasta para ser crítico pues debe saber al menos si alguien va a tiempo o está descuadrado). Los buenos músicos desarrollan además la capacidad de entonar para usar su voz no sólo para cantar, sino para componer, para transcribir o para dirigir. También aprenden a enfocar su atención para escuchar a distintos niveles, lo cual es necesario para el análisis musical. Por lo general la gente escucha lo más superficial (voz, melodía, arreglos en primer plano), pero hay mucho que escuchar en una obra musical: rítmica, melodía, armonía, instrumentación, forma musical, arreglos, interpretación, grabación y mezcla, producción, concepto, etc.
Alguna vez un fan se ofendió cuando dije que X grupo me aburrió un poco porque era monótono en su forma musical, ya que todas sus canciones tenían exáctamente la misma estructura, pero esa persona sólo reconocía ritmos, riffs y melodías, nada más.

*LECTURA Y NOTACIÓN MUSICAL. Saber leer no es requisito para ser músico, incluso virtuoso, pero se pierden muchas posibilidades creativas y recreativas por ese analfabetismo musical. Saber transmitir las ideas tal y como se desea que sean ejecutadas, o poder registrarlas cuando no hay tecnología disponible para trabajarlas en otra ocasión, es una herramienta muy útil. Así mismo, al ver las ideas por escrito se pueden apreciar ciertas similitudes o diferencias que no resultan tan evidentes para un oído no entrenado. Conozco a muchos “musicazos” a los que si les quitan la computadora o su instrumento “se acaba la música”, cuando en realidad ambas cosas sólo deberían ser una extensión para la mente, que es el lugar en donde reside realmente la musicalidad.

*ARMONÍA Y CONDUCCIÓN DE VOCES. Se llame tradicional o moderna, contrapunto o voice leading, incluso serialismo, en realidad estamos hablando aquí de ser capaces de comprender y reconocer las relaciones estructurales y funcionales de la música, así como la manera de enlazar sonidos individuales (melodía) o en conjunto (armonía), ya que esto permite conocer los efectos acústicos que se producen, con lo cual se pueden manipular emociones, como en la música contra imagen, por ejemplo, o en ciertos sectores de la población que gustan de algún género musical en particular.

*TÉCNICA DE EJECUCIÓN. Esta es quizá la materia más obvia para todos los que no son músicos, ya que, aparentemente, se debería aprender a tocar un instrumento para crear o ejecutar música… el problema es que tocar un instrumento no implica dominarlo, y dominarlo no implica tener buen gusto y criterio musical. Conozco a muchos “monitos amaestrados” que tienen estiércol en el cerebro, pero bueno, al menos se aplicaron en algo. En el otro extremo están todas esas personas que dan pena ajena, y no es por burla hacia los principiantes, sino hacia quienes son supuestos “artistas” en la industria y que no deberían salir de su recámara o regadera.

*COMPOSICIÓN Y ARREGLO. Tener la musicalidad innata suficiente para tocar e imitar modelos establecidos aportando un mínimo de originalidad ya es composición para muchos, pero para quienes han estudiado desarrollo motívico y temático, análisis de formas musicales, musicalización para medios visuales o artes escénicas, producción musical, arreglo y orquestación… resultan evidentes las limitaciones de esos supuestos “genios creadores”. Ya he hablado de esto en las entradas “Inspiración vs Oficio” y “Compositores vs Autores” de este mismo blog (que trata sobre Música en general y sobre Composición en particular), así que los invito a leerlas para profundizar en el tema.

Por todo esto, la próxima vez que un músico bien preparado haga una observación, comentario, juicio, etc., antes de sentirse expertos en la materia y pretender debatir sus argumentos, piensen primero si no estará escuchando algo más allá de lo que su oído, su mente o su consciencia pueden apreciar, ¿o no están de acuerdo?, y cabe mencionar que esto tampoco asegura que ese músico académico tenga la razón absoluta, únicamente que sabe de lo que habla (y aún así puede haber casos lamentables).



Hasta la próxima ;-)