lunes, 30 de septiembre de 2019

Cada loco con su afinación

La afinación del La central no ha sido constante a lo largo de la historia de la música europea. Se le ubica entre los 400-450 Hz, con ejemplos por abajo o por encima de ese intervalo. Sólo existen dos estandarizaciones de ese diapasón, una oficial dentro de Francia conocida como “diapasón normal” (16 de febrero de 1859) para un La de 435 Hz, y la otra conocida como ISO16 (1955) para un La de 440Hz, que originalmente era de 439 pero al ser un número primo se optó por cambiarlo a 440.

En los siglos XVIII y XIX se tienen registrados diapasones que varían entre los 380-451 Hz. Actualmente muchos ensambles de música antigua afinan con un diapasón de 415 Hz, que es una frecuencia “promedio” entre las que se acostumbraban en el sXVIII. Es curioso ya que eso produce una sonoridad un semitono temperado por debajo de la afinación a 440 Hz, sin embargo, resulta relevante quizá para comprender, o teorizar, por qué Beethoven decía que la “tonalidad negra” era Bm. Esta tonalidad tiene dos sostenidos en su armadura, sin embargo la tonalidad que correspondería con lo que escuchaba el oído absoluto de Beethoven sería nuestro actual Bbm, con 6 bemoles y sólo un sonido natural. Esto podría ser un punto a favor de un diapasón entre 435-440 Hz, pues los nombres asignados a las frecuencias de uso musical podrían tener alguna correspondencia con el efecto emocional que producen en el público.


Actualmente se está utilizando un estándar de 442 Hz, además de aquellos que por supuestas razones espirituales deciden afinarse a 432 Hz. Para quienes se asustan por el incremento del diapasón, deberían saber que los órganos con los que trabajaba J. S. Bach se afinaban con un La de 480 Hz, o sea, muy por encima del “satánico” La de 440 Hz (como proclaman ciertos grupos de ultra derecha), y que en el Renacimiento se le llegó a usar por encima de eso (hasta 505.8), aunque no era una práctica bien recibida por los cantantes, que debían forzar demasiado su voz, y los violinistas, pues las cuerdas de tripa no soportaban tanta tensión.

Para explicaciones técnicas, es común usar frecuencias para las octavas de Do que resultan ser potencias del número 2 (2^n). La octava potencia corresponde con un Do central de 256 Hz y eso lleva a un La de 430.54 , lo cual se aproxima a ese unicornio azul de 432 Hz. 

Si bien es cierto que ese diapasón, que en el pasado sólo fue propuesto por Verdi, tiene interesantes coincidencias con otras relaciones en la naturaleza, también lo es el hecho de que, salvo por las persona que nacieron con el don del oído absoluto, y en menor grado aquellos que han desarrollado un extraordinario oído relativo, la mayoría de la gente no será capaz de reconocer con qué estandar de afinación se ha grabado una obra musical, y mientras no se justifique y argumente su uso en términos de los beneficios que nos puede reportar la exposición a ese conjunto de frecuencias (y la energía asociada a ellas), todo se reducirá a la especulación.

Hasta la próxima.




lunes, 23 de septiembre de 2019

Correlación Ciencia-Arte: el eslabón perdido.

Hay gente que condena el arte contemporáneo y clama por un regreso a las virtudes clásicas. Su criterio y capacidad analítica no cambiaron, y se quedaron en el pasado... son mentes obsoletas. 
Esto no quiere decir que no se pueda disfrutar del arte de los siglos anteriores, después de todo es el legado de nuestra evolución como especie; el problema consiste en que no tienen la capacidad para entender la lógica y la estética del nuevo arte. Ya he escrito antes acerca de las características del arte contemporáneo, así como de los pseudo artistas que encuentran refugio en esta corriente, así que no me pienso detener en ese punto. 
La Ciencia, y por lo tanto la tecnología, ha caminado a la par del Arte y ha influido en su desarrollo. 
Las pinturas y esculturas renacentistas elevaron su nivel de creación gracias a la aplicación de la proporción áurea. 
La ornamentación en la música o la escultura barrocas era análoga a la de la Arquitectura, la cual se vio enriquecida por innovaciones tecnológicas. 
La aparición de instrumentos nuevos (violín, piano) o mejoras en su construcción (llaves en las maderas, pistones en los metales) permitieron crecer en sonidos y posibilidades técnicas. 
El desarrollo formal del arte clásico iba de la mano con el de ramas de la ciencia como Física, Química y Matemáticas. 
En el siglo XIX tiene un gran desarrollo la Biología, con aplicaciones en la Medicina, con lo cual ya no sólo se busca conocer lo que ocurre afuera del ser humano, sino adentro de él también, y curiosamente, el arte románico se interesa más por la emoción estética que por la técnica (sin ignorarla, por supuesto). 
Y aquí se llega precisamente al punto de ruptura. La gente se estancó en una zona de confort en la que demandaba del arte la exaltación de las emociones, sin preocuparse por razonarla, analizarla, entenderla. Por su parte, la ciencia "dura" seguía avanzando, y no se detendría.
Cuando se pensaba que el mundo era fácil de describir por la ciencia conocida, y el arte se debatía entre las opciones del post romanticismo, llegaron la teoría del caos, la relatividad y la mecánica cuántica... la comprensión del mundo y del universo no volvería a ser la misma, y esta vez habría una ruptura grave con la extensión a la cultura. 
Algunas mentes, sin embargo, dieron el salto a la nueva era (alguna vez escribí acerca de la "resonancia mórfica"), y no sólo empezaron a crear en simpatía con la abstracción de las nuevas teorías sino que, más adelante, lo hicieron también por reacción a los horrores de las sociedades posteriores a la segunda guerra mundial. 
El arte contemporáneo con fundamentos técnicos y sustento ideológico, ya no conecta con los filtros intelectuales y estéticos de las mayorías; es elitista y no satisface las necesidades catárticas que requiere el público tradicional. Esta es la situación del arte y la sociedad contemporáneas, y no se vislumbra una pronta ni sencilla reconciliación, pero como dijo alguna vez Henry Miller: "el caos es la partitura en la que está escrita la realidad", y mientras eso no sea comprendido ni aceptado estarán igual que Darwin, con un eslabón perdido en el siglo XX, y seguirán condenando con criterios del siglo XIX en pleno siglo XXI. 
Hasta la próxima.


Arte con fractales